Primavera

¿Puede un detalle iniciar un cambio?
¿La primavera? ¿Es la vuelta de la primavera un detalle?

Ha vivido muchas primaveras —y en ambos hemisferios—. ¿Habrá una que destaque? ¿Esta? ¡Va a pasar esta primavera en la cama!
Por la ventana ve plantas y árboles, algunas flores. El jazmín lo embriaga; podría emborracharse con ese olor.

Recuerda aquellos últimos meses con Jennie. Ella, ya muy enferma, no salía de la cama —como él ahora— y también miraba por la ventana las plantas, los árboles, las flores.
—Ve a tal o cual sitio y dime cómo están floreciendo los árboles —le decía.
O: —Ahora deben de estar preciosos los aromos.

Tenía un mapa muy preciso de su entorno natural: sabía qué plantas había, dónde estaban y cuándo florecían.
Él comprende ahora lo difícil que debió de ser pasar tanto tiempo en la cama, sabiendo que su enfermedad no tenía retorno, que no había un “después” posible. Por eso se aferraron al “ahora”.

Meses más tarde, tras la muerte de Jennie, encontró un libro que ella se había comprado sin comentárselo nunca: El poder del ahora, de Eckhart Tolle. Lo leyó y comprendió que eso mismo habían hecho juntos durante años: vivir el ahora. Ella lo vivió con intensidad durante su enfermedad; él también, sin darse cuenta esos mismos años, y más aún después de su muerte.

Su accidente no lo ha dejado en un callejón sin salida. Cuando termine la recuperación, después de todas las operaciones, sabe que su vida no será la de antes, pero sigue siendo una vida que puede pensarse, planificarse, proyectarse.
Hablar de “descanso forzado” como una muestra de valentía no le convence. Sí, se toma el tiempo de dejar pasar el tiempo: lee, dibuja, escribe, juega al ajedrez y a otros juegos “cerebrales” en línea, gestiona asuntos pendientes. Sabiendo que no volverá a ser tan físicamente independiente, se pregunta si podrá emprender algo que consista más en organizar, gestionar, contabilizar, sin necesidad de ir a terreno.

A veces piensa largo rato sin llegar a nada satisfactorio y acaba diciéndose que piensa demasiado. Tararea entonces a Atahualpa Yupanqui, Los ejes de mi carreta:
“Yo no tengo en qué pensar,
tenía, pero hace tiempo,
ahora ya no pienso más”.

Para no pensar, medita.
OOOOMMMMmmmm.
Como vio y escuchó a los monjes tibetanos del norte de la India, de Nepal, del Tíbet. Como lo ha hecho en otros momentos de su vida.

Sí, va a meditar más a menudo. Cada día.
No como tantas veces antes, meditando mientras hacía otra cosa: lavar los platos, andar en bicicleta (¿volverá a andar en bicicleta?), comer, limpiar la casa. Esta vez le dedicará tiempo a la meditación en sí.

Nunca ha tenido experiencias trascendentales ni iluminaciones. Pero sabe que al meditar su cuerpo, su mente, su cerebro se relajan y descansan.
Si su cuerpo hoy no necesita tanto descanso, su mente y su cerebro, en cambio, sí.

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